Jue. Jun 17th, 2021

El bendito macrismo no es un movimiento político, sino una yunta de personas que apuntan a favorecer a amigos y negociados personales.

Innumerables son las veces en que, de la mano a la Justicia adicta que responde a los intereses antipopulares, las distintas gestiones del PRO en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) perjudicaron a los porteños con el único fin de brindar favores muy particulares. Uno de los casos que aun hoy despierta indignación es la “entrega” de Casa Amarilla que hizo el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, al club Boca Juniors.

La historia tuvo inicio varios años atrás, en 2016, cuando las 3,2 hectáreas del terreno en cuestión fueron vendidas al club de La Ribera. Dado que se trataba de tierras pertenecientes al Estado y que, en principio, tenían como destino la construcción de viviendas sociales, distintas agrupaciones y vecinos pusieron el grito en el cielo para defender los derechos de los ciudadanos ante el brutal avasallamiento que significaba la “movida inmobiliaria”.

Jonatan Baldiviezo, abogado del Observatorio por el Derecho a la Ciudad, fue quien hizo las de representante de los vecinos que presentaron el recurso de amparo colectivo en 2016. “La gestión del Pro nos quitó las tierras de Casa Amarilla para vendérselas a Boca Junios sin que existe una ley de la Legislatura que lo autorice”, relató el letrado, recordando lo que fue, sin dudas, un robo sin precedentes. Como argumento para rechazar la maniobra, los vecinos indicaron que “sólo una ley puede privar de la propiedad previa indemnización”.

Tras varias idas y venidas por parte de la Justicia, que incluyeron revocaciones de fallos, anulaciones, medidas cautelares y apelaciones, el macrismo se salió con la suya y logró, en 2018, venderle los terrenos a Boca por 9 millones de pesos de forma inicial, mientras que el resto, a pagar en 41 cuotas en 13 años de aproximadamente $ 4.200.000 pesos.

“Con este fallo, la Justicia no sólo avala que el barrio de La Boca pierda un parque público sino que habilita que la Corporación Buenos Aires Sur se maneje como una inmobiliaria que puede vender sin control legislativo todas las tierras que tiene la Ciudad en el sur”, había expresado el propio Baldiviezo ante la decisión. El tiempo, después de ver las frías rejas en Casa Amarilla que impiden el paso de los porteños, y con el recuerdo fresco de lo ocurrido en Costa Salguero, le dio la razón al abogado.