Con una bandera blanca en la mano, la intendenta de Caucete, Romina Rosas, ingresó el pasado 2 de marzo a la Apertura de Sesiones Ordinarias 2026 del Concejo Deliberante. Un símbolo que no se veía de su parte hacía mucho tiempo y que marcó el tono de un discurso dirigido a la oposición, en el que llamó a la paz y al diálogo institucional. La pregunta que flota en el aire político local es si se trató de un genuino gesto de reconciliación o el inicio de una nueva estrategia para sobrevivir a un año complejo.

El acto, que se desarrolló en el edificio del Concejo por primera vez en varios años como señal de austeridad, intentó enterrar las constantes polémicas que durante 2025 llevaron al legislativo caucetero a ser noticia provincial por sus crisis internas. El nuevo presidente del cuerpo, Franco Buffagni, prometió «respeto, diálogo y consenso», mientras que la jefa comunal apeló a dejar de lado las disputas: «No somos nosotros, se trata de nuestra gente». Sin embargo, detrás de la escenografía de unidad, el tablero político se mueve con otras lógicas.

Rosas planea reestructurar su gabinete y fortalecer una nueva mesa chica para debatir en confianza las decisiones claves. Pero su imagen en el departamento está profundamente erosionada, no solo por el desgaste natural de un segundo mandato, sino por una falta de obras concretas que se ha convertido en su talón de Aquiles. Sin el «circo mediático» que le proporcionaba la gestión de Sergio Uñac, la administración Rosas queda desnuda ante las demandas de los cauceteros.

El municipio camina sobre un terreno pantanoso en materia financiera. Las deudas acumuladas por la gestión de Rosas exponen una administración cuestionada, reflejada en la cantidad de denuncias de proveedores contra el Palacio Municipal. El cambio de gobierno provincial destapó una olla: las arcas muestran un desempeño pobre, sin grandes obras financiadas íntegramente con fondos departamentales en lo que va de su mandato.

Uno de los frentes más calientes es la deuda millonaria con la empresa energética DECSA. Si bien un acuerdo de refinanciación firmado meses atrás le dio un respiro a la intendenta, el conflicto está lejos de resolverse. Rosas ha judicializado el monto determinado por el EPRE que supera los 500 millones de pesos, pero desde el ente regulador advierten que la deuda, refinanciada o no, debe pagarse. En otras palabras, serán los contribuyentes cauceteros quienes terminen afrontando el costo generado por la propia intendenta.

A esto se suma la falta de transparencia en torno a la Fiesta de la Uva y el Vino 2025. La oposición en el Concejo ha solicitado en reiteradas ocasiones la rendición de cuentas sobre lo recaudado y lo gastado, pero hasta la fecha el Ejecutivo municipal no ha presentado documentación formal. Mientras que en 2026 la fiesta central del departamento no se realizó por «falta de recursos» siendo reemplazada por las más modestas «Nochecitas Cauceteras», los departamentos vecinos mantuvieron sus fiestas tradicionales sin contratiempos.

La comparación con los departamentos que componen el Este provincial se vuelve cada vez más incómodo para Rosas. Mientras 25 de Mayo, 9 de Julio y San Martín muestran mejoras visibles y evolucionan en sus gestiones, Caucete parece atrapado en el tiempo. Aquella época en la que el departamento era sinónimo de desarrollo y la Diagonal confluía de visitantes ya quedó atrás, y la realidad de estancamiento no se puede tapar con operetas mediáticas.

En el plano partidario, Rosas juega sus fichas para no quedar fuera de la órbita del PJ provincial. Con la mira puesta en 2027, busca desembarcar en alguna estructura que le garantice continuidad política. La unidad del peronismo es su bandera, pero sus aspiraciones personales, una posible vicegobernación o una diputación proporcional, chocan contra la «mochila pesada» que representa su gestión departamental.

Mientras ella analiza escenarios, dos nombres de su propio espacio ya comenzaron a medirse el traje de intendente: el diputado Escudero y el secretario de Obras Públicas, Escobar. Ambos niegan públicamente sus pretensiones, pero juegan el mismo juego. Rosas necesita dejar a alguien de confianza para que su gestión siga y no se le revelen políticamente, evitando así un potencial escenario de fractura como el que marcó la relación Uñac-Gioja en el cambio de mando provincial.

En la vereda del frente, el orreguismo afila las estrategias. Tras la señal clara que dejaron las elecciones pasadas cuando el peronismo, que solía arrasar, ganó por apenas 25 votos, desde el espacio del gobernador Marcelo Orrego se bajó la orden de trabajar el territorio más profundamente, ampliar la estructura y sumar referentes. El Dr. José Bernal, quien fue centro de operetas mediáticas este último tiempo comenzó a reestructurar su propio grupo, ampliando las zonas de trabajo territorial, Kadi busca mostrar estructura y respaldarse en las obras que hace el gobierno provincial en el Paraje Difunta Correa. Pero como toda estructura de poder, el orreguismo no se quedaría solo con estas dos figuras como referentes de Caucete, se podría sumar una nueva figura, un «tapada» como suelen decir, buscar reforzar la estructura del espacio de Orrego en el departamento. Bernal y, también Kadi serán los encargados de consolidar la presencia oficialista en Caucete, con la meta puesta en dar el batacazo en 2027.

Tampoco hay que perder de vista al tercer espacio. La Libertad Avanza, a través de Peluc, busca armar la estructura del «león» en un Caucete tradicionalmente conservador. Aunque el armado se presenta complejo, algunos políticos locales estarían dispuestos a colaborar, con la premisa de que las caras nuevas sean la bandera del espacio libertario en el departamento.

Rosas enfrenta así un año decisivo: deudas, juicios, disputas internas en su propio espacio y una sociedad que comienza a perder la paciencia. Sexto año de mandato, los cauceteros ya no se conforman con relatos. Exigen obras concretas, y la tolerancia con un departamento estancado en el tiempo se agota día tras día.

POR IVAN PALACIO