La reciente inauguración del Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) en Pozo de los Algarrobos no fue un acto de gestión más. Aunque la habilitación del edificio representa una mejora objetiva en infraestructura sanitaria para la comunidad, el verdadero termómetro político se tomó en los márgenes del protocolo. La presencia del gobernador Marcelo Orrego funcionó como una puesta en escena de poder, donde la inversión en salud ofició de telón de fondo para una jugada política de mayor calado en el tablero departamental.

El gesto más elocuente fue el blindaje explícito que el primer mandatario provincial brindó al Dr. José Bernal, jefe de la Zona Sanitaria II y, a la vez, su principal referente político en Caucete. No se trató de un elogio genérico a la labor sanitaria. En su discurso, Orrego respaldó personalmente a Bernal y a su equipo frente a lo que se venía dando en Caucete este último tiempo como una especie de “campaña mediática” contra el hospital y el personal de salud, desde un sector. Esta defensa corporativa, ejercida desde el atril oficial, diluye la frontera entre la función pública y la militancia, transformando un logro comunitario en un escudo contra la oposición interna y externa del orreguismo local.

En este contexto, la inauguración sirvió para exhibir la cohesión vertical del oficialismo, pero también destapó la olla de presión de la política caucetera. El oficialismo departamental y las críticas al funcionamiento del Hospital César Aguilar estaban en la mira. El gobernador no solo tenía conocimiento del ataque mediático, sino que las deslegitimó simbólicamente desde un acto de gobierno, remarcando las obras con fondos propios de la provincia en materia de salud, garantizando la asistencia a cada caucetero. Este gesto consolidó a un alfil político que, por su doble rol, concentra una cuota de poder inusual en la administración sanitaria, como lo es el Dr. Bernal.

Sin embargo, el episodio que expuso la cruda confrontación de narrativas ocurrió fuera del libreto oficial, apenas finalizada la ceremonia. El ministro de Salud, Amilcar Dobladez, protagonizó un cara a cara con la intendenta Romina Rosas que dejó al descubierto la fragilidad argumental de esta última. Según testigos, Dobladez se dirigió de forma directa a la jefa comunal para consultarle las fuentes y argumentos de sus denuncias sobre una supuesta “emergencia sanitaria” en el hospital departamental y la salud, el eje de una campaña de desgaste que Rosas había motorizado en redes sociales y medios locales mediante un video de forma personal.

La respuesta de la intendenta, según el relato de los presentes, se desdibujó entre divagaciones y un nerviosismo evidente. Incapaz de sostener con evidencia concreta su propio relato mediático, Rosas perdió pie frente a un Ministro que llevó la discusión del terreno declamativo al técnico. El hecho deja al descubierto una estrategia política de alto riesgo: construir un discurso opositor sobre premisas endebles puede derrumbarse estrepitosamente cuando la confrontación abandona las redes y se vuelve personal e irremediablemente pública.

La estocada final del ministro fue quirúrgica. Dobladez convocó a dos asesores técnicos de su cartera y, con planillas y números oficiales, desbarató punto por punto la narrativa de la “crisis” que planteaba Rosas mediáticamente. La exposición contundente de las inversiones en infraestructura, los datos actualizados sobre la asistencia clínica y la planificación de urgencias no solo acallaron a Rosas, sino que la dejaron ofuscada y sin capacidad de réplica. La escena, presenciada por funcionarios y vecinos, funcionó como un contragolpe político que desnudó los métodos de una oposición al gobierno provincial que queda envuelta en su propio artificio retórico.

En este clima de disputa, en el día de ayer un comunicado del Hospital César Aguilar ampliando los horarios de solicitud de turnos (de 9 a 21 horas) parece a simple vista una mejora administrativa. Sin embargo, en el actual contexto político, esa información adquiere un doble valor: es a la vez una respuesta material para oxigenar la demanda que creció exponencialmente por el éxodo de pacientes desde prepagas y obras sociales hacia el sistema público y una prueba de gestión que el oficialismo provincial esgrime frente a los cuestionamientos opositores.

En última instancia, lo sucedido en Caucete revela que la salud pública se ha convertido en el campo de batalla predilecto del oficialismo departamental, para evitar exponer la falta de obras desde que asumió Rosas y una desgastada imagen de gestión. Mientras el gobernador sigue con obras en materia de salud, con fondos propios y anuncia próximas obras de alto impacto social con el sello de Bernal y Dobladez, la oposición departamental se queda sin el monopolio del reclamo. La lección del acto en Pozo de los Algarrobos es que, sin datos duros, las campañas mediáticas se diluyen frente a un oficialismo dispuesto a confrontar a cara descubierta y a transformar la gestión en su principal munición política.

POR IVAN PALACIO