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Aquel viaje que formalmente inicio a principio de abril en Buenos Aires concluyó este 23 de mayo, cuando una movilidad con los restos pertenecientes a la Comunidad Huarpe llegó hasta Las Chacras, en Caucete. En el medio, la emoción de quienes vieron el fruto de una lucha de siglos por restituir a terreno sagrado aquellos restos de tumbas profanadas que habían sido usados en museos como exhibición.

Si bien la ceremonia inicial estaba prevista para las 10 de la mañana de este jueves 23 de mayo, la presencia de la lluvia intermitente en la ruta hizo que los traslados se demoraran, pero aun así con el paso de las horas fueron llegando todas las personas justas y necesarias para la celebración sin precedentes que se llevaría a cabo en el lugar.

El frío calaba los huesos y los braseros decían presente en el galpón que se encuentra en la entrada del pueblo que se ubica a 30 kilómetros de Marayes, un destino al que se llega por una huella que parece no tener fin, rodeada de una naturaleza inigualable, llegando a un valle al pie de las montañas donde las maravillas rodean cada rincón.

Los anfitriones, miembros de la comunidad Huarpe que viven en Las Chacras, desde temprano compartían mate cocido caliente y sopaipillas a quienes iban llegando. De la bebida emanaba el vapor que delataba la helada presente, pero no era impedimento para la reunión y el encuentro. Los primeros en llegar fueron miembros de la Comunidad Pinkanta acompañados de autoridades de la UNSJ; mientras que a medida que avanzaba la jornada, congelada bajo el manto gris y la lluvia que iba y venía, fueron arribando en distintas movilidades familias de parte de las 14 comunidades que forman parte de la Organización Territorial Huarpe Pinkanta.

Algunos llegaban desde Vallecito, otros incluso desde un poco más lejos. Para muchos, era la primera vez que iban a Las Chacras, y el pueblo era una verdadera fiesta donde viejas amistades se encontraban y otras se conocían. Ancianos, padres, madres, niños de todas las edades, todos en un mismo lugar y unidos por una misma causa.

Los distintos grupos se fueron armando alrededor de braseros que se dispusieron, los cuales se iban renovando de brasas calientes al mismo tiempo que los mates iban pasando de mano en mano, mientras se esperaba el ansiado momento.

Sobre las 13 horas aproximadamente llegó la combi blanca con el logo que rezaba “Gobierno de la Provincia de Buenos Aires”. Los presentes sabían que significaba eso. Los restos habían llegado a casa.

El Omta Samay Pachay, Roque Miguel Gil, autoridad máxima de la Comunidad Huarpe Pinkanta del Cuyum, hizo las señas esperadas y todo indicaba que se daría inicio a la primera celebración, la recepción de los 37 restos, incluyendo cinco cuerpos completos y 30 cráneos.

De una de las movilidades comenzaron a bajar seis enormes ponchos y colchas artesanales que fueron tomadas por distintos miembros de la comunidad, sin distinción de edad o género, y se colocaron a los márgenes del camino, tres de cada lado. Mientras, aquellos que no estaban en la formación, con sus celulares captaban parte del momento histórico que estaban viviendo, para que el instante durara para siempre.

Al ritmo de distintos tambores y con canto al aire, se dio paso la combi blanca, para luego, al abrir sus puertas, darles la bienvenida a los antepasados en lengua nativa. Mientras Omta hacia el recitado, su compañera de vida hacía la traducción para que todos los presentes, tanto propios como ajenos, entendieran qué estaba sucediendo.

“El significado que tiene la celebración es la liberación de mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, niños, bebés que fueron traídos a sus territorios luego de haberse llevado sus restos tan lejos, a otro lugar al que no pertenecen. La liberación del camino, llegar acá, a su territorio, debió haber sido para sus espíritus una alegría para el corazón”, precisaron luego.

En los rostros de los presentes podía observarse a simple vista lo que significaba tal acto. Si bien para algunos eran simples cajas, para otros representaban sus ancestros, referentes del pasado que habían pasado años enteros siendo exhibidos en un museo o formando parte de una colección privada. Representaba una pequeña victoria tras una lucha que lleva décadas. Representaba la oportunidad de darle el merecido descanso que nunca debió haberse interrumpido.

Al respecto, Franco Gil, representante de las comunidades Huarpes en el Consejo de Participación Indígena (CPI) y parte de las autoridades de jóvenes de la ceremonia, explicó a Tiempo de San Juan que recuperar los restos representó el final de un proceso histórico que vienen atravesando todos los pueblos originarios del país. “Hay gente que anduvo en los territorios, sin tener respeto por el lugar, profanando tumbas, llevándose objetos para hacer colecciones. Es difícil de entender, pero para nosotros fue un avasallamiento en su momento, en lo que significa el avasallamiento a los pueblos originarios desde la conquista a la fecha”.

Culminada la primera parte de la celebración, que terminó con un grito de victoria hacia el cielo, cada uno de los embalajes que transportaban los restos fueron bajados de la movilidad, y se los dejó en una habitación que fue decorada con cantos y alabanzas. Así se cerraba la primera parte de la ceremonia, que daría paso a la segunda.

El cielo seguía completamente cubierto por nubes y el agua era intermitente, pero no molestaba. Una de las integrantes de la comunidad comentó que no era atípica la presencia de la lluvia, ya que los había acompañado desde Buenos Aires hasta San Juan. “Cuando estuvimos en Luján, haciendo la primera ceremonia, recibiendo los restos, llovió. Cuando salió el transporte, volvió a llover. Y ahora acá, no es casualidad, porque estamos en el Camino de la Mujer, y la mujer es agua”, precisaron.

Acompañados por la lluvia, se hizo una pequeña procesión desde donde se habían colocado los restos hasta la zona elegida para la sepultura. El lugar no fue elegido al azar, sino que se trata de un sitio sagrado, entre las montañas, donde adornado por el fuego comenzó la celebración que contó con recitados, cantos y el entierro de cuatro restos, uno en cada punto cardinal.

La emoción del ritual vivido para muchos por primera vez contagió a quienes no formamos parte de la comunidad Huarpe, pero entendimos en solo algunas horas lo que significaba para ellos el poder ser testigos de ese momento único, ancestral, maravilloso.

“En lo personal es difícil de explicar con palabras lo que representa. Desde chico veo como los mayores luchan por la aplicación de derecho y es emotivo. Que esta restitución histórica llegue es emotivo, difícil de explicar en palabras. Nos encontramos muchas comunidades, es histórico y me conmueve desde lo más profundo de mi sentir. Nos mueve la sangre, la piel, nos impulsa a luchar, a darlo todo”, asegura Franco.

Un ritual por cada destino, las celebraciones en el calendario Huarpe

La celebración en Las Chacras fue el primero, pero no el único. Conforme indicó Franco, en asamblea se decidió que ese fuera el primer destino, pero los demás restos se sepultarán en Nikizanga, la zona de Los Médanos y otros territorios parte de las 14 comunidades.

“Se eligieron las comunidades de territorio rural, protegidas por la Ley de Relevamiento Territorial, lo cual brinda un amparo de protección legal. Serán distribuidos en sitios sagrados”, detalló.

Un viaje que inició sobre 1997 en un museo y culminó en Las Chacras

Al ser consultado sobre dónde habían estado los restos recuperados antes, Franco precisó que habían formado parte de una colección privada donada a un museo.

De acuerdo a los registros, entre 1997 y 1999, se conoció un informe sobre la existencia de restos humanos pertenecientes a los pueblos originarios que formaban parte de la Colección Gnecco del Museo Enrique Udaondo, ubicado en Luján.

La colección había sido adquirida sobre 1944 e incluía restos de diferentes sitios y regiones de San Juan para ser posteriormente exhibidos tras una vitrina.

Décadas después, recién en el 2012, se realizaron reuniones con pueblos originarios en El Antigal, que es el Primer Centro de Interpretación Indígena de Argentina y se obtuvo el consentimiento para proceder a la identificación de los huesos, determinando que se trataba de restos pertenecientes a la Comunidad Huarpe ubicada en la provincia.

Desde ese entonces se inició con el trámite administrativo para dar cumplimiento a la Ley 25.517, de reparación histórica para los Pueblos Originarios, ya que entre sus articulados establece que “los restos mortales de aborígenes que formen parte de los museos y/o colecciones públicas o privadas, cualquiera fuera su característica étnica, deben ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que los reclamen».

La gestión finalizó el 3 de abril en Buenos Aires. En el Salón Cultural de Udaondo se realizó el acto político y la celebración que contó con la presencia del Gobernador Axel Kicillif, Franco Gil, el Omta Miguel Gil y otros representantes de la Comunidad.

Más de un mes después se inició el ansiado viaje para finalmente llegar a Las Chacras. Hoy todos los vecinos de aquel pueblo perdido entre montañas pueden decir con orgullo y honor que fueron los anfitriones de un evento sin precedentes, testigos de un acontecimiento histórico y el hogar de los primeros cuatro de los 37 restos humanos cuyos espíritus ahora podrán descansar en paz.

 

fuente: tiempo san juan

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