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Voz pausada, tranquila y con sonrisas que se esbozan entre algunas frases. Así es el diálogo con Jorge Lozano, el director de la escuela República de Bolivia de La Planta, en Caucete. Si bien ocupa un cargo jerárquico en el establecimiento, en el pueblo lo consideran como «un padre del corazón» mientras que él asegura que es un maestro rural que nunca perdió la vocación.

Hace unas semanas su nombre estuvo en boca de muchos docentes sanjuaninos por estar al frente de las negociaciones de los Autoconvocados. A más de un mes de aquellos días movidos, su vida se contrasta en la paz que le brinda el paisaje en medio del desierto de La Planta que está perdida en una huella en Caucete, a 140 kilómetros de Capital.

Su rutina diaria es de una semana en el pueblo y dos días con su familia en Chimbas. Pero esta rutina pronto podría cambiar, es que está a la espera de su jubilación, algo que ya mira con cautela. Pero ¿quién es Jorge Lozano?

«En mi familia querían que fuera administrador de empresa porque mi hermana era administradora de empresa. Estudié un tiempo pero abandoné. Y empecé la docente que era lo que quería. Mi carrera la fui encontrando, no responde a planes sino que se fue dando. Siempre fue en función de cómo se fueron dando las situaciones», comenzó relatando.

«El Jorge», como lo llama cariñosamente la gente del lugar, lleva 28 años abrazando la docencia, de los cuales 24 son como director de la escuela República de Bolivia. Sus inicios fueron como docente interino en la Sarmiento, luego titularizó en Sierras de Elizondo y no llegó al año allá cuando el director de La Planta le propuso permutar. A las Sierras iba por 10 días, porque es una zona muy lejana, y debía transitar muchas horas en mula para llegar allá.

«Cuando llegué a La Planta nunca pensé en quedarme. No me pregunte por qué sigo estando acá después de 20 años. Amo este lugar. Acá estoy y en pocos días ya me jubilaría», expresó el docente quien aseguró que está «bien y feliz» en aquella localidad, donde se siente parte de una gran familia compuesta por 190 habitantes.

Muchos de esos habitantes él los vio nacer, crecer y en el camino los educó. Ahora está a punto de entrar, en el 2024, la tercera generación a la escuela. «Casi todos los padres han sido mis alumnos. Los conozco a los padres y la relación no es padre-director. Se siguen relacionando conmigo como si fuera el maestro. Siguen teniendo el vínculo afectivo», reconoció.

Tal es así que el el año pasado lo operaron de la vesícula y los habitantes de La Planta no dejaron de enviarle mensajes para saber cómo estaba de salud y cuándo volvía a caminar por el lugar. «El vínculo es muy afectivo. Es una escuela rural y han sido mis alumnos. Yo me siento docente rural y maestro. No me entusiasma decir director porque son circunstancias de la vida, es un cargo que se ganó. Yo me siento maestro rural», destacó con mucha humildad.

Si bien la jubilación está a la vuelta de la esquina, él aún no piensa en jubilarse porque quiere seguir unido a ese pueblo que tanto ama y sobre todo por el que tanto luchó. Es que todo lo alcanzado para ese lugar fue fruto precisamente de un camino difícil de décadas pero con frutos que hoy lo llena de orgullo.

«No me preocupo por la escuela porque se que va a seguir bien. Me preocupa mucho el pueblo porque siempre fue olvidado. Lo que se ha logrado es porque juntos hemos luchado. Me preocupa porque no sé si podré vivir sin el pueblo y sin la escuela. No logro verme jubilado pero es todo un proceso. Mi familia, mis hijos y mi mujer merecen que vuelva a dormir todos los días en mi casa, comer con ellos y no ser una visita de sábado y domingo», reconoció.

El 31 de agosto cumplirá 24 años en la escuela y la comunidad no está muy de acuerdo con que él se jubile pero lo aceptan. «Mi oportunidad de dar ya pasó. Después de estos años no puedo pretender ser el mismo a los 60 años que a los 30 o 40 años. Hay que dar el lugar a los que vienen con las mismas ganas», expresó.

Hoy su mirada está puesta en esta nueva etapa que pronto comenzará a vivir al lado de su familia y que ya será una etapa de descanso y de disfrute con sus hijos.

Jorge Lozano recuerda que su primer acercamiento con los docentes autoconvocados se dio cuando un grupo de educadores debatía el tema sueldos cerca de él. «Yo escuchaba y no emitía opinión. No coincidía en nada con lo que decían. Habían muchas opiniones y no me gustaba lo que decía porque había desconocimiento de cómo se liquidaba realmente el sueldo. Una docente me vio, me reconoció y me preguntó si podía explicarles cómo se componía el recibo», recordó Lozano.

Así fue como él les clarificó lo que significaba cada detalle del recibo de sueldo y se formó un vínculo en el que se priorizaban las explicaciones de cómo se compone el salario.  «Este año, cada vez que tenían que elegir a alguien para hablar con el gobierno o con los medios, empezaron a mandarme a mi. No me molestó. Somos directores viejos, que tenemos antigüedad, cobramos zona y el sueldo nos alcanza para comer. Lo que preocupa son los que no llegan», reconoció sobre el motivo que lo llevó a participar y destacó: «siempre me preocupó mucho que los docentes que está frente al grado cobre bien».

 

fuente: DLPSJ

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