Mié. Sep 28th, 2022

El sábado 11 de abril de 2020 la vida de Hugo Nievas (41) cambió para siempre. Es que, en una esquina de Caucete, el hombre fue atropellado por un auto, mientras circulaba en una moto. Producto de ese siniestro vial estuvo varias semanas internado en grave estado, perdió una pierna y se quedó sin empleo. Ahora, a más de dos años del choque y a un año de que empezara a caminar con su prótesis, Hugo contó que poco a poco volvió a empezar y que siente que cada día es un nuevo desafío. Trabaja en su casa limpiando cañas, pues su hermano hace cañizos para vender. Además, otra de sus changas es atar las guías en los parrales que hay cerca de donde vive. «Aprendí que tenía que ser muy frío para salir adelante. No podía quedarme triste por lo que me pasó y por eso volví a empezar. Siempre me gustó trabajar y no soportaba estar encerrado en mi casa sin hacer nada. Eso, además de la necesidad económica», dijo el hombre que tras el accidente recibió una pensión por discapacidad.

El choque que afectó a Hugo fue muy grave y conmocionó a casi todo Caucete. Minutos antes de las 22, el hombre salió a comprar cigarrillos, un producto que en ese momento escaseaba porque San Juan acababa de salir de la Fase 1 de la cuarentena por la pandemia de covid-19. Camino al kiosco fue atropellado por un remís trucho, que circulaba a alta velocidad. Y, el impacto fue tan fuerte que el motociclista perdió la parte baja de su pierna izquierda, que luego debió ser amputada arriba de la rodilla, en el Hospital Rawson.

«Yo me desperté tres o cuatro días después del choque y cuando quise mover la pierna vi que no podía. Después me explicaron lo que había pasado. Y si bien me costó entender el porqué, rápidamente supe que debía ponerme bien. El accidente había sido tan grave, que estar con vida era tener una segunda oportunidad y debía aprovecharla», dijo Hugo, mientras armaba los ovillos de totora elástica que después utiliza para atar las guías de los parrales.

Después de estar unas semanas internado y de sentirse poco a poco mejor, el hombre que vivía con su mamá y sus hermanos, comenzó a hacer los trámites para poder recibir una prótesis. Es que él quería retomar su vida como era antes. «Estuve mucho tiempo esperándola, porque había problemas con los papeles del trabajo que tenía antes del accidente y que me desvincularon después. Hace un año que la tengo y me cuesta acostumbrarme, pero ya casi estoy adaptado. Me quedó un poco más alta la prótesis, pero le pongo dos o tres plantillas a la otra zapatilla para poder igualar la altura y que no me duela la cadera», dijo Hugo y contó que hace unas semanas consiguió el trabajo temporario en unas fincas cerca de su casa. Ahí, todas las mañanas a primera hora lleva los rollos de totora que él mismo arma para atar las guías. Dijo que en los parrales siente que tiene una vida igual a la que tenía antes del siniestro que por poco le costó la vida.

«Empecé a trabajar porque me iba a volver loco en la casa. No podía estar sin hacer nada, cuando toda la vida fui independiente. Conseguí ese trabajo y voy siempre que me necesitan. Lo hago con mucha alegría a pesar de las dificultades. Cuando llego, dejo las muletas para entrar a los parrales y ahí, como puedo, me muevo por entre medio para atar las guías. Trabajar me hace sentir útil, yo no sirvo para estar sentado para siempre», dijo y agregó que desde chico trabajó en las fincas de Caucete.

Por las tardes, Hugo sigue trabajando. Uno de sus hermanos le deja las cañas cerca de su silla, pues él solo no las puede trasladar y las limpia una a una. Luego las lleva hasta el patio de la casa, donde ayuda a hacer los cañizos que su hermano vende. «Esta otra changuita me ayuda a subsistir y a poder trabajar. Los ratos que tengo libre me gusta hacer ejercicio. Hay veces que hago flexiones de brazos en los árboles de la vereda y otras veces salgo a caminar. Un día con muletas y otro sin ellas, para terminar de acostumbrarme», concluyó.

 

fuente: diario de cuyo