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A unos 190 kilómetros aproximadamente de la Ciudad de San Juan se encuentra Las Chacras, una pequeña comunidad que sobrevive a pesar de la distancia, del aislamiento con relación a las grandes ciudades y que le hace frente a las distintas adversidades. Dentro del pueblo, la Escuela Rural Rómulo Giuffra es una pieza fundamental, ya que no solo es el espacio donde las nuevas generaciones aprenden lo fundamental de la educación, sino que además es un refugio para pequeños y grandes que descubren lo que es la vida en el medio de la naturaleza.

Ana María Venegas es la directora titular de la institución. Si bien es oriunda de Caucete, un lazo del pasado la unía a Las Chacras, y terminó comandando los destinos del establecimiento como si fuera una decisión del destino. Sucede que su padre había nacido en esas tierras, con 9 años se fue a Caucete y jamás volvió. Por eso para ella recorrer las calles del pueblo que vio crecer a su padre le genera un sentimiento de orgullo.

Comenta que, al ser una institución de poca matrícula, trabajar con el aprendizaje de cada uno de ellos es simple. En total son once los alumnos que hoy tiene el establecimiento. Tres de ellos van al nivel inicial con la seño Claudia Aballay; cinco están en el nivel primario, aprendiendo con la seño Analía Villegas y en el nivel secundario básico hay tres alumnos más que están a cargo de Ana María.

“Trabajamos de jueves a jueves. Venimos el jueves, con sábado y domingo incluido en la escuela, hasta el siguiente jueves que llega otro grupo de docentes y se descansa una semana. Decimos descansamos, porque en realidad las gestiones y demás trámites los hacemos mientras hacemos el descanso”, cuenta Ana María.

Si bien educar en aulas con pocos alumnos presenta sus ventajas, sostener la vida en el interior de una escuela rural no es sencillo. La poca matrícula es un tema no menor, y lo mismo sucede con la distancia. Al respecto, Ana María comenta: “No tenemos todas las comodidades. A veces nos cuesta llegar, hasta Marayes podemos llegar en colectivo, pero luego son casi 40 kilómetros por la huella y nos costó conseguir un vehículo que nos trajera y nos viniera a buscar, pero lo hemos logrado”.

Otro tema no menor es el de la comunicación. Aun descansa sobre una de las mesas de la sala grande del establecimiento el radiotransmisor que usaban para comunicarse con los pueblos más cercanos. Hoy en día afortunadamente el aparato forma parte de las reliquias del pueblo, ya que en 2019 se logró contar con internet, siendo uno de los pocos puntos del pueblo donde se puede tener conexión para comunicarse con el exterior, ya que la señal común de telefonía no llega hasta la zona.

Analía Villegas es relativamente nueva en la docencia y en la escuela Rómulo Giuffra está viviendo su primera experiencia en la educación rural. En dialogo con Tiempo de San Juan recordó esos primeros miedos que sintió cuando surgió la oportunidad de comenzar a enseñar lejos de su casa. Si bien “va y viene”, como le dicen en Las Chacras, el temor estaba más relacionado con el escenario desconocido y las capacidades propias para poder enfrentar cualquier adversidad.

Sus temores desaparecieron en cuanto llegó a Las Chacras y conoció a los niños que se forman en la escuela. “Si tuviese que dar un consejo, digo que es lindo. Conocemos otras realidades distintas quizás a la que estamos acostumbradas”, aseguró.

La seño Claudia es la docente que más años lleva en el establecimiento. Este año cumple una década enseñando en el nivel inicial, lo cual no es menor, ya que por sus manos pasaron niños y niñas que hoy son jóvenes que aun la tratan con estima y cariño.

“Desde que llegué a la escuela tuve buena relación con todos los vecinos del pueblo. Siempre me han respetado, más allá de vivir acá y ser una vecina más. Salgo de la escuela y no dejo de ser la seño Claudia”, comenta entre risas.

Cada establecimiento rural presenta escenarios distintos. Se conforman pequeñas familias donde se pasan momentos buenos como complejos, pero de todos se logra salir adelante. Los pequeños aprenden de sus docentes, que con dedicación, amor y vocación llegan cada vez con nuevas propuestas didácticas y de vida; mientras que los docentes aprenden de los más chicos, que con sus inocencias y astucia logran resolver hasta los problemas más difíciles que la vida les presenta.

“A veces hay miedo a lo desconocido, o cuando tienen familias a cargo es difícil estar 8 días lejos, pero se trabaja muy bien. Hemos tenido dificultades, pero nada grande. Es muy lindo trabajar en esta zona, muy tranquilo. Una experiencia digna de ser vivida”, reflexiona Ana María.

 

fuente: tiempo san juan

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