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Cuando comenzó a transitar el largo camino, de más de 140 kilómetros, para llegar a la escuela, nunca pensó que ésta podía conquistarlo. El establecimiento educativo está «en medio del desierto», en un lugar que para acceder debe caminar 3 kilómetros por una huella bajo el duro invierno o en el crudo verano. Jorge Lozano tiene mucho más que espíritu docente, es un solidario nato que busca ayudar a salir adelante a toda una comunidad: La Planta, en Caucete.

«El Jorge», como lo llama cariñosamente la gente del lugar, lleva 25 años abrazando la docencia, de los cuales 21 es como director de la escuela República de Bolivia. Gracias a su incansable lucha, el establecimiento pasó de ser un edificio precario a una gran institución con paneles solares e internet que abastece con este servicio gratis a la población en 1.500 metros a la redonda.

Sus inicios fueron como docente interino en la Sarmiento, luego titularizó en Sierras de Elizondo y no llegó al año allá cuando el director de La Planta le propuso permutar. A las Sierras iba por 10 días, porque es una zona muy lejana, y debía transitar muchas horas en mula para llegar allá.

«Fui por unos años y me quedé. Nunca estuvo en mis planes quedarme, y me fui quedando porque habían muchas cosas que cambiar. Por ejemplo, eran muy pocos los que íban a la escuela, muchos iban a pedir agua a la ruta, había que mejorar el edificio, que era muy precario y así fue que de a poco fuimos involucrándonos a solucionar los problemas», comenzó expresando Jorge Lozano a Diario La Provincia SJ.

Cuando llegó había mucho por hacer y su juventud fue acompañando a esa demanda. Por aquel entonces solo el 40% de los niños que vivían allá iban a la escuela, y las costumbres dificultaban las posibilidades de crecimiento. No había ningún servicio básico como luz y agua, y la gente no veía en la educación la posibilidad de cambiar su vida. Sin embargo nada lo detuvo y él desafío todos los límites.

«He tenido la fortuna de que la comunidad fue muy paciente y me han acompañado en cada propuesta sin saber dónde íbamos a llegar. La gente dice ‘Si lo dice el Jorge debe ser por algo'», destacó Jorge quien confesó que una vez su hijo cuando era muy chiquito le dijo que «odiaba» a La Planta porque le «robaba al padre». Con los años ese niño supo entender lo que significó esa comunidad y hoy apoya 100% su labor.

«La escuela es todo lo que hay y a partir de ésta surge todo. Para llegar allá, salgo de acá, de Chimbas, y ando 6 horas en colectivo. Prefiero moverme en micro porque voy tranquilo y cómodo. No voy tenso, llego y camino 3 kilómetros por el campo. Eso es impagable», recordó.

Hace pocos días, Jorge cumplió 21 años como director en la escuela. Durante todos estos años, educó decenas de generaciones y se convirtió en guía y contención de gran parte de la comunidad. Por eso, muchos recurren a él para tomarlo como guía, consultarle inquietudes y contarles algunos problemas.

«Los papás de mis alumnos han sido mis alumnos. Para ellos es importante el vinculo con nosotros porque hay historias, historias largas», señaló.

La escuela República de Bolivia cuenta con una matricula de 60 chicos, de los cuales 16 son del Nivel Inicial y el resto de Primaria y Secundaria.

«Algunos de mis maestros llevan muchos años, de 15 a 17 años, trabajando ahí. Todos nos quedamos en la escuela, de lunes a viernes, y por ahí viajamos a mitad de semana. Yo soy el que más viaja por reuniones con el ministerio pero vivimos mucho allá, es nuestra casa. En ocasiones estamos más tiempo allá que con nuestras familias. En algunas oportunidades estoy sábado y domingo y con mis maestros de lunes a viernes, son 5 por 2 días», detalló.

Frenada por la pandemia

Con voz pausada y transmitiendo una tranquilidad increíble, Lozano confesó que «ver la escuela cerrada es fatal». Él juró que mientras fuera director «nunca iba a quedar la escuela bajo llave» y así fue. La confianza en la gente, hace posible que el establecimiento se mantenga cuidado, con la estructura edilicia intacta tal cual fue inaugurada allá por el 2014.

Éste fue uno de los primeros establecimientos de San Juan que, previo a la Fase 1 en la última cuarentena, implementó la jornada simple para todos los alumnos de Primaria y Secundaria. O sea, 44 chicos volvieron a las aulas de todos los niveles y para ello se aplicó un estricto protocolo para respetar el distanciamiento social y los cuidados.

«Les ha dolido un montón todo esto que vivimos. La vuelta de los chicos a clases fue muy dura, estaban aterrorizados. Allá no se vive mucho la cuarentena. Sin embargo los vi aterrorizados, con mucho miedo. El primer día les pedí que se sentaran distanciados, que se paren lejos de sus compañeros, cuando les hacíamos colocar el barbijo, los maestros con esas máscaras en las caras, era todo un mundo antipático para ellos», explicó.

La llegada de la pandemia generó muchos cambios en la comunidad pero sin dudas el más duro fue no tener la escuela, donde los chicos almorzaban todos los días, aprendían todas las materias y tenían educación física. Para la comunidad educativa, ver hoy la escuela cerrada «es muy difícil y muy feo».

«Sabemos la distancia que está teniendo esto en los niños, que lo perjudican mucho porque no es una escuela común y corriente. Tenemos mucha consanguineidad,y dificultad en el aprendizaje. Trabajamos muy mucho para lograr lo que logramos. Hay un trabajo infernal de los maestros, un hábito de trabajar mucho y de pronto todo paró por este virus», lamentó el director quien confesó que pese a todo hay un gran compromiso de los padres para que sus chicos cumplan con las guías y tareas, pero en muchos casos «los papás no están a la altura».

Jorge contó que hay muchos padres o abuelos que tomaron el rol de ayudar a los niños en este proceso de educación a distancia y eso «significa volver a hacer ejercicios escolares que en algunos casos, hacía 30 años que no los hacían. Saben escribir, terminaron la escuela pero la pasividad lleva a que haya un olvido».

«La puerta que tenemos de la familia es muy escasa, muy poco y gracias a Dios hay mucha voluntad y ganas. Eso hizo que sea más sencillo este proceso. Se ha logrado un trabajo muy importante. Cuando me dijeron que tenía que trabajar con esta modalidad pensé que íbamos al fracaso pero la voluntad que pusieron los papás y mamás es increíble. Hemos logrado enseñar. Pero sí, si es difícil que aprenden en un aula, date una idea vía on line. Es muy difícil y se logró. Pero hay un 50% de voluntad de los maestros y otro 50% de los padres», destacó.

La cuarentena les cambió la vida como a tantos. Después de la primera etapa que hubo con cuarentena y vuelta a clases en la nueva normalidad, hizo que los más pequeñitos del Nivel Inicial fueran hasta la escuela para pedirle al director que le lleve una maestra para volver a clases. Sin embargo eso no era posible y los niños demostraban su tristeza. Luego llegó la nueva suspensión de clases presenciales para todos y la tristeza se extendió a todos los alumnos.

«Siento que estando acá perjudicamos sin intención a los niños. Nadie tiene intención pero la situación hace que los niños salgan perjudicados y uno se desespera por revertir eso pero no está en nuestras manos. Espero algún día que podamos volver a ser normales y que pasen en las escuelas lo que tenga que pasar. Tenemos una escuela que funciona hermoso y que no podamos funcionar es feíto. Tengo mucha ilusión que se vuelva y los niños nos mandan mensajes con audios preguntando si falta mucho y cuando vamos a ir», lamentó.

Hoy la comunidad de La Planta cuenta con el 100% de los chicos escolarizados. Se logró que llegara la energía eléctrica y el agua potable. Ya los menores no salen a la ruta a pedir con bidones que la gente les de agua.

«Me siento orgulloso. Espero que el día que no esté, vengan maestros con el mismo espíritu de los que tenemos ahora para apostar para hacer que esta escuela sea normal, común y corriente como cualquier otra de la provincia», finalizó.

Fuente: Diario la Provincia sj

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