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Gilda Alejandra Flores (20) y su concubino Antonio Solano Molina Varela (34) durante la tarde de este martes fueron trasladados a Tribunales para ser imputados por el crimen de Manuel Ruiz (61), ocurrido en la noche del último sábado en Caucete. El fiscal del caso es Francisco Micheltorena (UFI Delitos Especiales).

Los dos acusados, asistidos por Nicolás Gómez Camozzi, tuvieron la posibilidad de declarar ante el juez de Garantías Juan Gabriel Meglioli, pero evitaron hacerlo.

El juez Juan Gabriel Meglioli resolvió imputar a Molina Varela por los delitos de homicidio simple y lesiones leves, mientras que a Flores por el de lesiones agravadas por el vínculo. Al hombre le dictaron prisión preventiva por 4 meses y la mujer fue liberada.

También resolvió realizarle una entrevista en Cámara Gesell a los dos hijos de la pareja que esa noche estaban en la casa y que, además, habrían sido abusados por el sujeto que fue asesinado.

EL HECHO

Los investigadores están convencidos de que el plan comenzó a pergeñarse el mismo viernes por la noche, cuando un nene de 6 años le contó a su mamá que la pareja de su abuela había abusado de él (se habla de una práctica de sexo oral). La versión es que la mujer pudo constatar este relato preguntándole a su otro hijo de 4 años porque, al parecer, había presenciado el ataque sexual. Y eso sacó de sus casillas al padre de esos menores, que enseguida -sospechan- planificó vengarse de una manera brutal. Una cena en su casa de la manzana 14 en el barrio Ruta 20, en Caucete, pareció la excusa perfecta. Sobre las 21.30, los invitados llegaron, acompañados de otra pareja, algo que no habían previsto los anfitriones y, sin embargo, no los hizo desistir de su idea homicida.

Los principales invitados, Silvina del Valle Flores (42 años, madre de la dueña de su casa) y su pareja, Manuel Ruiz (61), arribaron con sus amigos Rubén Darío Aldana y Natalia Castro. Hubo cordialidad en el recibimiento, hasta que la hija de Flores, Gilda Alejandra Flores (20) y su concubino Antonio Solano Molina Varela (34, tiene causas por robo, dijeron) empezaron a ejecutar su designio.

Ella llevó los niños a su habitación, cerró la puerta principal con llave y tomó un arma de fabricación casera. Su pareja se había situado detrás de Ruiz y simulaba hacer algo con los parlantes. Los pesquisas están convencidos de que cuando la puerta se cerró con llave, fue la señal que esperaba para armarse de un trozo de caño metálico para gas y asestarle un golpe en la cabeza a Ruiz, que no lo esperaba, indicaron.

Su mujer, mientras tanto, accionó el arma «tumbera» contra su madre y cuando vio que no hubo disparo, la atacó a golpes, dijeron.

En ese momento la otra pareja que había llegado intentó calmar los ánimos y en un momento los tres hombres forcejearon y cayeron al piso, pero el otro invitado, Aldana, se levantó y junto a su pareja aprovechó para escapar por un costado de un portón. Por allí también salieron la pareja de Ruiz y su hija con sus dos nietos, precisaron.

Para entonces Ruiz había conseguido escapar hacia el exterior de la casa, pero fue alcanzado por Molina que lo arrinconó contra el portón y lo ultimó a fierrazos.

Algunos dedos de su mano quebrados y los antebrazos lastimados fueron clara muestra de que Ruiz intentó defenderse. Y que finalmente nada pudo hacer, para evitar correr la peor suerte, porque terminó con el cráneo destrozado.

A las 21.45, los vecinos llamaron a la Policía. Afuera los esperaba la pareja de Ruiz, envuelta en una crisis de nervios. También afuera estaba Molina, quien se les acercó y, como si nada, les confesó el crimen: «Yo lo maté por violador… ese no viola más», les dijo y quedó preso. A unas tres cuadras, también cayó su pareja.

Cuando los policías derribaron la puerta para entrar, se toparon con la casa desordenada y salpicaduras de sangre por todos lados. También hallaron el arma homicida, la «tumbera», un billete de $200 con una línea de cocaína y otros envoltorios de esta droga en una cajita de crema para lustrar zapatos.

 

fuente: diario de cuyo

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