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Hace tres años, Caucete vivió un escenario complejo, en el que reinó el temor. El 19 de agosto de 2020 se detectó el primer caso positivo autóctono de COVID-19 en el departamento del este y comenzó la circulación viral de la pandemia en San Juan. Aparecieron decenas de contagios. La médica María Julia Martínez fue unas de las sanjuaninas que padeció la enfermedad, el encierro y el cansancio como integrante del personal sanitario.

Julia trabaja hace 18 años en Caucete. Durante la mañana, es la encargada del CAPS Pie de Palo y atiende un consultorio privado en horas de la tarde. “Nunca pensé vivir esa situación y de la forma que sucedió”, expreso.

Aquel miércoles 19 de agosto, estaba en la sala de espera de la clínica cuando empezaron a circular rumores de la llegada del brote en Caucete. «Está la Policía. Están cerrando Caucete», decían las personas en el sanatorio, pero para la médica se trataba de “un simple chusmerío”.

Minutos después, el rumor se transformó en realidad. Julia salió de su trabajo, tomó el colectivo para volver a su casa en Capital y vio un escenario que la preocupó. Cuando el micro llegaba a la rotonda de calles Paula Albarracín de Sarmiento y San Martín, miró a efectivos de la Policía de San Juan cerrando el barrio Justo P. Castro I. “Ahí me cayó la ficha”, expresó.

Acto seguido, llamó a sus padres, ambos mayores de 70 años y personas en grupos de riesgo, para comunicarles la situación.

Si las postales del miércoles 19 eran preocupantes, las del jueves 20 fueron aterradoras. Martínez llegó a Caucete con una colega y amiga a la base central de salud del departamento.

“Parecía un pueblo fantasma. Se notaba la cara de incertidumbre y el miedo de la gente”, contó.

Su rol como personal de salud la obligó a intervenir de forma inmediata en la compleja situación del departamento. Realizó testeos rápidos, se encargó de censar a los cauceteros, entre otras actividades.

Cerca de las 19 horas llegó lo más impactante. La médica estaba en el barrio Área II y mientras guardaba las cosas para volver a la base central, vio algo que verdaderamente la conmovió. Alrededor de 15 policías marchaban junto con el jefe del operativo para pedirle a los pobladores que vuelvan a sus casas. “Fue como una película”, afirmó.

Esa postal la obligó a tomar una drástica decisión. Llamó por teléfono a su madre y a su hija para decirles que iba a vivir en un hotel por algunos días. Entre medio, tuvo que postergar el cumpleaños de 15 de la adolescente.

El día que se enteró del positivo de COVID

Era la siesta del domingo 23 de agosto. Julia estaba pintándose las uñas cuando recibió el llamado de Epidemiología. Sabía que las noticias no eran buenas. Finalmente ocurrió lo que pensaba: le informaron que dio positivo de coronavirus.

A pesar del contagio, no tuvo un cuadro complicado de salud porque fue asintomática. “No tuve ni un dolor de cabeza”, dijo.

Fueron dos los hechos negativos: avisarle del contagio a sus padres y el encierro. “Les conté que no iba a volver por dos semanas”, expuso, aunque fue más tiempo. Exactamente estuvo 18 días encerrada sin tener contacto con nadie.

La publicación viral

El viernes 28 de agosto llegó el momento de la reflexión. Julia utilizó sus redes sociales para contar que dio positivo de coronavirus. Hasta ese momento, nadie lo sabía, salvo su familia. “Cuando lo publiqué, pensé que ‘me la mandé’. Tenía temor por su familia”, manifestó.

Por suerte, no ocurrió lo que pensaba. Al contrario, recibió el saludo de amigos y desconocidos. “Hubo gente que rezaba por mí y yo no siquiera conocía. Al hotel me llegaron regalos, comidas y cartas, que todavía guardo. Eso me sacó adelante”, contó.

Tras el alta, volvió a trabajar y tuvo un gran recibimiento de sus compañeros del CAPS Pie de Palo. “A pesar de todo, me siento una afortunada porque muchas familias perdieron todo”, concluyó.

 

fuente: tiempo san juan

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