Tiene 25 años, estudia Psicopedagogía en la Universidad de Congreso y logró un promedio sobresaliente de 9.50. Nació con macrocefalia y meningocele, lo que lo obliga a movilizarse en silla de ruedas. Este año fué distinguido con la bandera de la Universidad, en un hecho histórico que emociona a toda la comunidad educativa y que refleja que la fuerza de voluntad puede más que cualquier obstáculo.
Cada mañana, cuando el sol apenas comienza a iluminar las calles de San Juan, una familia entera se pone en movimiento. La madre, con paso firme y mirada atenta, desde su taller de costura. Las hermanas, con la ternura que solo nace del amor profundo. Su papá que desde su pequeño kiosco, trabaja de lunes a lunes para obtener el dinero necesario para pagar la universidad. Y en el centro de esa escena cotidiana está Alexis Nicolás Escobar Burgois, mas conocido como Nico, el protagonista silencioso de una historia que emociona y enseña e inspira.
A sus 25 años, Nico está a punto de recibir uno de los reconocimientos más importantes de su vida: la bandera de la Universidad de Congreso, distinción reservada para los estudiantes más destacados en lo académico y lo humano. Su promedio, 9.50, habla de su dedicación. Pero detrás de ese número hay mucho más: hay noches de estudio, viajes difíciles, esfuerzo familiar y una voluntad que no conoce descanso.
Una vida marcada por la fortaleza
Desde pequeño, Nico aprendió que la vida no siempre ofrece caminos fáciles. Nació con macrocefalia y meningocele, una condición neurológica que afectó su movilidad. Los médicos no fueron muy optimistas en cuanto a como sería su desarrollo intelectual y su calidad de vida. Pero lejos de rendirse, transformó cada dificultad en una razón para superarse.
“No fue sencillo”, confiesa. “Tuve que aprender a ver la vida desde otro lugar. A veces uno se enoja, se frustra, te preguntás por que a mí, que hice para merecer esto! pero después entendés que todo lo que te toca también te forma. Y ahí decidís si vas a quedarte quieto o avanzar.”
Y él avanzó.
Con la ayuda incansable de sus padres y sus hermanas, Nico logró asistir cada día a clases. En más de una ocasión, el traslado hasta la universidad fue una odisea. “Hay días en que se complica todo, desde subir a un colectivo, hasta tener que lidiar con veredas y calles en mal estado, falta de rampas y de solidaridad sobre todo, poca gente sabe lo que sufrimos la gente con discapacidad—cuenta—, pero el estudio me da fuerzas. Siempre soñé con ser profesional y poder ayudar a otros y darle ese orgullo a mi familia”.

El orgullo de una familia y una universidad
Nico vive con su madre y sus hermanas. No tienen casa propia, y los padres realizan enormes esfuerzos para pagar el alquiler y sostener los gastos de la carrera. Pero en ese hogar modesto, abunda algo que no se compra: el amor, la fe y la esperanza.
“Mi mamá es todo para mí —dice con emoción—. Ella se levanta muy temprano, trabaja mas de 14 horas por día, cosiendo en un pequeño taller de costura, todo a pulmón, a pesar de que sufre de Lupus, y muchas veces sus manitos le duelen mucho, pero su amor es tan grande que no hay dolor que le impida trabajar por sus hijas y mis hermanas me acompañan en todo, están siempre atentas a lo que pueda necesitar. Quiero trabajar para poder comprarles una casa, hace 20 años que estamos inscriptos en el IPV pero no hemos tenido suerte, por eso decidí estudiar con mayor empeño. Es mi mayor sueño, devolverles todo lo que hicieron por mí.”
Sus palabras desarman cualquier silencio. En su mirada hay una serenidad que inspira respeto. Habla sin victimismo, con una madurez que sorprende. “Yo no me siento diferente. Solo tengo otra forma de moverme. Pero puedo pensar, puedo estudiar, puedo trabajar, puedo amar lo que hago. Eso es lo que me define.”
En el aula, sus compañeros lo admiran. Los docentes lo describen como un joven aplicado, respetuoso y con una luz especial. “Nico no solo tiene un promedio excelente —dice una profesora—, tiene una calidad humana que contagia. Su presencia nos recuerda lo esencial: que estudiar es un privilegio y un acto de coraje.”
Un hecho que deja huella
Este año, Nico será distinguido con la bandera institucional de la Universidad de Congreso. Se trata de un reconocimiento que trasciende las notas o los promedios: es un símbolo de constancia, esfuerzo y esperanza.
—¿Qué significa para vos recibir la bandera de la Universidad?
“Es una alegría inmensa. A veces pienso en todo lo que costó llegar hasta acá, en los días difíciles, en las veces que pensé que no podía más. Pero cada obstáculo me hizo más fuerte. Esta bandera no es solo mía, es de mi familia, de todos los que me ayudaron a seguir.”
—¿Qué te gustaría hacer cuando termines la carrera?
“Seguir estudiando. Quiero perfeccionarme, trabajar con niños que tengan dificultades de aprendizaje. Me gustaría ayudarlos a descubrir que pueden, que siempre se puede.”
Su historia también marca un precedente importante: será el primer estudiante en silla de ruedas en recibir la bandera universitaria en Argentina, un hecho que resalta el valor de la inclusión y la igualdad de oportunidades.
“Que me reconozcan así significa mucho. Me demuestra que la discapacidad no te define. Lo que te define es lo que hacés con lo que tenés”, reflexiona.

Más allá del reconocimiento
Nico no busca protagonismo. No levanta la voz, no exige admiración. Su ejemplo habla por sí solo. Lo que él transmite no es lástima, sino una profunda enseñanza sobre la vida.
Su historia interpela a todos: a las instituciones, a las familias, a la sociedad. Nos recuerda que la verdadera accesibilidad no solo se construye con rampas, sino con empatía, apoyo y oportunidades reales.
En un mundo donde a veces se celebran logros vacíos, Nico se convierte en símbolo de mérito verdadero, de esos que se forjan con sacrificio y amor.
“Si yo puedo inspirar a alguien, ya vale la pena todo —dice sonriendo—. A veces la vida te pone límites, pero si los enfrentás con fe, siempre aparece una forma de seguir adelante.”
El logro de Nicolás no pertenece solo a él: pertenece a todos los que creen que estudiar transforma, que el esfuerzo dignifica y que la educación abre caminos incluso donde parece no haberlos.
Su historia no es solo un premio universitario, es una lección de vida para una provincia y un país en que todavía es difícil aprender a mirar la discapacidad con respeto, igualdad y admiración.
En su silla, Nico avanza. Pero lo que realmente se mueve con él es la esperanza.
Porque cuando el mérito lleva su nombre, la bandera no solo se alza en una universidad: se alza en el corazón de todos.
Fuente: Diario San Juan Virtual