En el escenario político de San Juan, Cristian Andino se presenta como la encarnación de la renovación. Sin embargo, un examen detallado de su trayectoria revela una realidad muy distinta: es el fiel representante de la vieja política que utiliza la función pública como un trampolín para su carrera personal. Lejos de ser un agente de cambio, su figura se consolida como el ejemplo perfecto de las prácticas que públicamente dice querer erradicar.
La base de esta contradicción se sustenta en su larga relación con el Estado. Andino acumula 16 años ininterrumpidos viviendo de los cargos públicos, hoy bajo la sombra protectora de Sergio Uñac. En la actualidad, percibe más de dos millones de pesos mensuales como asesor del senador nacional, un puesto que, según las observaciones, no parece demandar su presencia física en Buenos Aires, generando dudas sobre la efectividad de su labor.
Su retórica de campaña, centrada en atacar a Javier Milei y denunciar a la «verdadera casta política», choca frontalmente con su realidad profesional. Mientras critica a quienes ocupan cargos sin ser productivos, él no puede documentar su trabajo como asesor. No hay registros de horarios, presentismo ni proyectos legislativos concretos que haya elaborado para que Uñac presente en el Congreso, una función inherente a su rol y su sueldo. Hay que destacar que el Senador Uñac, cuenta con más de veinte asesores, entre ellos su propio hermano.

Esta divergencia entre el decir y el hacer define su campaña. Andino apela al descontento popular contra la clase política, pero su historia laboral lo pinta como un integrante más de ese sistema. La figura del asesor que cobra sin rendir frutos visibles es, precisamente, el arquetipo de la «casta» que tanto denuncia en sus discursos y rimas en los actos proselitistas.
La incógnita, por lo tanto, queda flotando en el aire de la campaña sanjuanina. El candidato del Partido Justicialista se encuentra atrapado en su propia narrativa. La pregunta que los votantes se hacen es directa y contundente: ¿Cristian Andino va genuinamente contra la casta o es, y siempre ha sido, una parte fundamental de ella? Hasta el momento, la respuesta parece inclinarse más hacia lo segundo.
POR IVAN PALACIO