En Caucete, sobre calle Paula Albarracín de Sarmiento, se erige silenciosa y desolada la imponente estructura de la antigua bodega El Parque.  El lugar y reveló la magnitud de un complejo que alguna vez fue orgullo productivo y símbolo de la identidad caucetera, pero que hoy yace en el abandono.

Para comprender la importancia de esta bodega hay que remontarse a fines del siglo XIX, cuando su fundador, el salteño Justo Castro -quien también fue gobernador de San Juan- impulsó su desarrollo y la convirtió en una de las más modernas de la provincia. Ya entrado el siglo XX, la firma cambió su nombre a Uriburu, en honor al apellido del socio mayoritario, hasta que en la década del 40 tomó el nombre definitivo: Bodega El Parque.

Durante décadas, esta bodega no solo fue el motor económico del departamento, sino también un espacio que marcó la vida social y cultural de la comunidad caucetera. Sin embargo, los años 90 trajeron consigo su cierre total, a pesar de los distintos proyectos y promesas que se mencionaron luego para revivir el lugar.

Hoy, gran parte de la estructura continúa en pie: desde la fachada con su emblemático portón de hierro hasta la torre y los pabellones que alguna vez albergaron la producción. Sin embargo, el paso del tiempo y la desidia han dejado huellas profundas. Un hueco en una pared permitió que varias personas ingresaran al predio, y esto derivó en actos de vandalismo que deterioraron aún más el lugar.

Este gigante de Caucete, más que un simple edificio abandonado, es un símbolo de la memoria histórica y productiva del departamento. La imagen captada por el drone refleja un pasado que se resiste a ser olvidado, un testimonio silencioso de una época dorada que dejó una marca indeleble en la identidad de los cauceteros.

fuente: tiempo sj