Vie. Abr 23rd, 2021

Actualmente, Carlos Pischetz, de 83 años, vive en un modesto hogar del barrio Felipe Cobas de Caucete, uno de los vecindarios más antiguos y poblados del departamento del Este. Lo hace únicamente junto a su mujer, la “Teresita” –como él la llama- ya que sus dos hijos se casaron y formaron sus familias.

Sin embargo, detrás de ese caucetero que ahora está en paz hay una vida marcada por el Movimiento Peronista, por el cual luchó, conoció grandes personalidades de la política nacional y del sindicalismo –al que Perón llamaba como la columna vertebral del peronismo- como Lorenzo Miguel, por el que fue dirigente y hasta custodio de la última mujer del fundador de ese histórico partido.

Carlos, hijo único, nació en la ciudad de Rosario en el año 1937. Al poco tiempo, su madre se divorció y decidió irse con ‘Carlitos’ a vivir a Buenos Aires.  Precisamente,  a la localidad de Floresta.

Su primer acto fue el 22 de febrero de 1946, cuando tenía 9 años. “Yo estaba afuera de mi casa, veía cómo pasaba la gente y me llamaba la atención. Pensaba que era un accidente así que fui a ver. Llegué hasta Plaza Miserere y era el acto de cierre de campaña de la primera presidencia de Juan Domingo Perón”, contaba. “Estuve hasta las 2 de la mañana y, cuando llegué a mi casa, me esperaba mi mamá con la chancleta en la mano”, agregó sonriendo.

Ya en la secundaria de la Escuela Industrial –creada por Perón- formó parte de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), institución creada en el 1953 por el entonces ministro de Educación, Armando Méndez San Martín.  En plena secundaria, decidió afiliarse al peronismo, partido al que pertenece hasta la actualidad.

Ya con 18 años, y saliendo del secundario, le tocó vivir uno de los episodios que marcó un antes y un después en la historia argentina en general, y en la del peronismo en particular: el bombardeo a la Plaza de Mayo, en junio de 1955.

Sobre ese hecho, recuerda: “Yo fui en la tarde a la plaza, después del bombardeo. Había un quilombo bárbaro en todo el país. En el único lugar donde los muchachos –por los compañeros del peronismo- seguían luchando era en Rosario, Santa Fe. Así que, con los compañeros de Buenos Aires nos tomamos un tren y nos fuimos hasta allá. Estuvimos allá resistiendo hasta que la Policía nos cagó a palos y nos metieron presos. Estuvimos como 13 días detenidos, nos soltaron y nos pegamos la vuelta”.

Luego, llegó la etapa de la Revolución Libertadora, una época de gobiernos militares que buscaban erradicar al Justicialismo. “Nosotros nos reuníamos en un lugar a escondidas y tratábamos de pensar acciones para contrarrestar la dictadura”, dijo Carlos. Fue en esas reuniones cuando conoció a Lorenzo Miguel, el que a los pocos años –en 1969- se convirtió en el Secretario General de la Unión de Obreros Metalúrgicos, dejando el puesto en 2002, año en que falleció. A Miguel lo recuerda como un gran sindicalista y referente de la Resistencia Peronista en épocas de dictaduras.

Tras la muerte de Eva Duarte de Perón –primer esposa de Juan Domingo-, el propio Perón conoció a su segunda mujer, Isabel Martínez de Perón. Junto con ello, nombraron a ‘Carlitos’ como uno de los custodios de la primera dama.

Fue con ella con quien viajó por primera vez a San Juan. “Isabelita venía a unos actos a la provincia y se iba al otro día. Dormimos en un hotel céntrico”, relató.

Tras la muerte de Perón y la caída del gobierno de Isabel Martínez, llegó el Proceso de Reorganización Nacional: un nuevo gobierno de facto. Carlos se quedó sin trabajo y San Juan volvió a encontrarse como un rumbo posible para seguir su vida.

Tenía parientes en la provincia, la familia Garade, los que lo llamaron para que viniera a hacerse cargo de una finca que ellos ya no podían mantener. En los años 70, su madre murió y decidió escapar de Buenos Aires, de la dictadura, y venirse a la tranquilidad de la provincia cuyana. Aquí fue donde conoció a ‘Teresita’, una bella mujer diez años menores, con la que se casó y tuvo dos hijos.

Junto a su familia se domiciliaron en Caucete. En la década de los 80, conoció a Emilio Mendoza, el que lo puso al frente de la Dirección de Deportes en su primera intendencia. Realizó varias actividades para los clubes locales y fue quien intervino para lograr la venida de las Cajas P.A.N. (Plan Alimentario Nacional), las que contenían alimentos de distintos tipos para los más necesitados. A los dos años de su nombramiento, decidió renunciar y retirarse de la política departamental.

Sin embargo, su amor por Juan Domingo Perón y Eva Duarte continúa intacto. Es más, dedicó una habitación de su vivienda para los padres del Justicialismo: tiene un armario con CDs, libros y revistas de lo que a uno se le pueda ocurrir relacionado con el peronismo. Hasta restauró el busto de Eva Perón que estaba en la casa del Justicialismo caucetero. “Lo llevé a unos muchachos que me lo restauraron gratis y lo dejé en mi casa. Les dije que si lo necesitaban, que lo vinieran a buscar, yo se los voy a dar”, finalizó.

fuente: tiempo de san juan